Los Escritos Perdidos

18 noviembre 2009

Eco.

Fue un golpe rápido, así como al descuido, traicionero. De esos que dejan la voz enganchada y el insulto atrapado. Un golpe con dolor retardado y un insistente eco sordo. Por eso, he tirado todos mis muebles. No quiero que vuelvan a silenciarme más mientras camino descalzo por casa.

12 noviembre 2009

El sentido de las cosas o la cosa de los sentidos.

Su olor inundaba de forma individual cada una de tus fosas nasales y tocar aquella frágil superfície oscura parecía afinar tu oído en busca de cada uno de los cientos de microtrozos que a un mismo tiempo rompían. Sólo al metérmelo en la boca se me ocurrió mirar la fatídica fecha de caducidad del envase. Ahora sé que no sólo basta con poner los cinco sentidos para saborear algo… antes que nada, es conveniente decidir bien en qué orden.

04 noviembre 2009

Nada más.

“Esto es todo”, decía su nota. De él, nada más pudieron encontrar.

26 octubre 2009

Cuestión de supervivencia.

Nos miramos a los ojos mientras come. Él, trata de llenar su estómago. Yo, de que no me lo vacíe. No es más que una cuestión de supervivencia. Nada fácil, por cierto, pienso al verle masticar mis tripas.

16 octubre 2009

Ducha fría.

En la habitación, Lucía vuelve a leer el “te amaré por siempre” del tatuaje de su brazo, sabiendo que el calor de la ducha hará pronto su trabajo. En el baño, Rodrigo vuelve a leer “ya no quiero verte más” mientras se mira al espejo.

07 octubre 2009

Descuido.

Me concentro en este olor a tierra húmeda. A oscuras, espero aquí tumbado a que alguien recuerde mi mano tratando de moverse sobre aquella mesa de operaciones.
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